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jueves, 18 de noviembre de 2010

Dulce refugio en la ficción


“Se miente mas de la cuenta por falta de fantasía: también la verdad se inventa.”
Antonio Machado

La idea es que, a falta de ideas para debatir, mejor contar una historia… La ficción, donde cualquier semejanza con personas o hechos reales es coincidencia, tal vez sea un lugar donde me refugio por un rato, hasta nuevo aviso. Espero que les guste!


Ellos Dos


A un paso y medio de haberte visto
Y sin brújula me perdí por más de 10 años
Sin hacer caso a tu sugerencia exacerbada
De que el tiempo podía ser tan soberano


Y estrambótico, desencajado, torpe…
No supe lo que dejaba sin tener
Y fiel a mis preámbulos de sinsabor
Histéricos e insípidos, me distraje.


En barrios ajenos al tiempo rampante
En mares de arena marrón y luces negras
En luchas incansables de ilusa armonía
En miras de un destino que es angosto


Extranjero en mi pecho sin alas
Lucí una estampa de frente en alto
Ya caído de todas mis ramas
Y sin poder elevar mi cristalería opaca

Me contuve y me viste pasar
A un paso y medio de haberte visto
Y sin brújula aún, más de 10 años después
Hice caso a tu sugerencia sutil y menguante
De que el tiempo podía ser tan soberano


1- El Encuentro


Esa mañana se había despertado temprano pues quería aprovechar el sábado. Se había sentado al borde de la cama y observado el patio que se veía desde allí. Siempre dejaba los postigos abiertos para que el aire fresco entrara en las noches de verano. Pensó que era una linda mañana e instantáneamente le hubiera gustado que hubiera alguien a su lado a quien comentarle esta idea. Fue al baño y sintió que su perro no estaba allí estorbando su paso. Decidió que iría a buscarlo antes de visitar a sus amigos con los que había quedado en tomar unas cervezas a la tarde. Extrañaba la compañía. Tenía que limpiar su casa pero no quiso hacerlo, en cambio fue a la terraza y se sentó al sol. Tenía un año por delante, proyectos de trabajo y mucha energía para volver a sus actividades. Su trabajo no era lo más importante en su vida pero, por el momento, lo ocupaba por completo. Esto le venía bien ya que no tenía ganas de pensar en otros temas. Su inversión daría frutos a largo plazo y con eso estaría conforme. No tenía ánimos de cambiar demasiado su rutina y sus actividades. Tampoco creía que aquel día podría ser distinto que cualquier otro sábado. Tenía ganas de ver a sus amigos, pues la noche anterior había vuelto de sus vacaciones y sabía que esa noche les contaría cómo había sido su viaje por el norte del país. No hablaría de mujeres porque no había ninguna interesante a la vista. Hubiera querido que sí pero no era el caso.

Al salir de su casa pensó que pasaría por el barrio en el que había vivido cuando era chico. Recordó a la gente del secundario y se alegró de seguir viendo a muchos de ellos. Le gustaba mantenerse en contacto después de diez años. Qué sería de la vida del resto, se preguntó. Luego se concentró en los planes que tenía para el día, en quienes vería esa tarde y en el recital al que tenía pensado asistir esa noche.

Cuando la vio entre la gente dijo su nombre. No pensó ni por un segundo que podría cruzársela allí. Por otro lado tampoco pensó que la volvería a ver luego de tantos años. Ella le sonrió contenta de verlo y repetía que no podía creer la casualidad que se estaba dando. El trató de componerse y optó por preguntarle qué era de su vida, mientras observaba cada detalle de su aspecto. Le pareció que estaba hermosa y casi igual que en aquel entonces. Siempre le había gustado y cuando iban al mismo colegio había hecho vanos intentos por besarla. Ella lo había rechazado, alegando que estaba enamorada de uno de sus mejores amigos. Luego se habían distanciado y él seguido con su vida. Ya estaba recibido, vivía solo y tenía un par de historias de amor fallidas en su haber. Volvió a pensar en lo linda que estaba, y se dio cuenta que no había prestado atención a lo que decía. Estaba atontado, pero este estado no era producto del calor del sábado sino de la sorpresa de encontrarla allí, en esa esquina. Ella le preguntaba cosas que él contestó con falsa naturalidad, estaba nervioso pero no quería irse sin pedirle su teléfono. La charla continuó por un rato y ella averiguó que estaba soltero y que no buscaba salir con nadie por el momento. El la escuchó atentamente hablar acerca de los bares que no solía visitar porque le recordaban a hombres de su pasado. Estaba soltera también – conociendo gente- había aclarado. El pensó que era la manera que tenía de decir que salía con varios hombres a la vez sin comprometerse con ninguno. Le preocupó un poco la idea de ser uno más en esa categoría “gente” que ella mencionaba con tanto desinterés e indiferencia. Los temas propios de un encuentro casual en medio de la calle se estaban agotando y pensó en cómo pedir ese teléfono sin parecer ansioso o que sus intenciones lo expusieran a un posible rechazo. Le dijo que tenía que seguir su camino pero sacó un tema nuevo y siguieron hablando un rato más. Ella le preguntó que hacía a la noche y se invitó sin pudor al plan que había programado con sus amigos. El la miró sorprendido y dijo que le avisaba con un mensaje adonde irían. Luego decidió irse, ya era demasiada exposición y tenía manera de contactarla cuando quisiera verla.

Luego de despedirse caminó dos o tres cuadras sin pensar en nada. No vio pasar a nadie y no se detuvo en el cajero que ella le había indicado para retirar dinero. Quiso pasear un rato y volver a ubicarse en la seguridad de su rutina. Esa noche no la llamaría. No estaba listo para verla de nuevo. Pensó que tal vez era mejor dejar las cosas en aquel encuentro casual y seguir su vida. Dos semanas después cambiaría de opinión y estaría ansioso por verla.
(continuará...)

sábado, 23 de octubre de 2010

Acerca de la Odisea de los Amantes y los Finales que son Principios

“(…) A la apasionada exploración de lo desconocido (la aventura) prefirió la apoteosis de lo conocido (el regreso). A lo infinito (ya que la aventura nunca pretende tener un fin) prefirió el fin (ya que el regreso es la reconciliación con lo que la vida tiene de finito).”
Milan Kundera – “La Ignorancia”


Tomemos como ejemplo el final de una película, aquí les dejo uno que me gusta mucho *, pero bien podría ser cualquier final feliz que prefieran. Entonces él se queda, él ha decidido permanecer, luego de pensarlo durante una hora y media de pasear con ella y ponerse al corriente de las vidas de cada uno. Ha esperado la oportunidad del encuentro por espacio de diez años y todos sabemos que sintió nostalgia y añoranza de verla durante ese tiempo, al punto de escribir un best seller para provocar un reencuentro. Ahora se produce el encuentro y, como Ulises decidió volver con Penélope y dejar la dolce vita junto a Calipso, nuestro protagonista hace lo propio con la mujer que ama.

Siempre llamó mi atención lo que sucede al final, luego de los desencuentros tiene lugar el encuentro, el beso. La pantalla se aleja, las cosas están relativamente claras, y termina la película con un final feliz. Ese final reconfortante tiene a la vez, algo que no se ve, pero que claramente nada tiene de final en sí mismo. Señala otra escena que no vemos, sugiere una continuidad de la que ya no seremos espectadores, el principio de otra cosa. ¡Qué intriga! ¿Qué sucede con los protagonistas de la historia? y sobre todo ¿Cómo se desarrolla en el tiempo esa famosa frase “y fueron felices”?.

¿Alguno tiene en mente alguna película que comience por el final? Me encantaría saber que hay después. Me pregunto por qué nos quedamos ahí, como si lo que viniera a continuación no mereciera ser contado, o tal vez sólo si se tratase de algún drama. Ahí si, pero nos encontramos con otro género. No. De lo que hablo es del amor que se consolida, de las emociones, los sentimientos y el devenir amoroso entre dos personas que logran superar los obstáculos y los desencuentros. Yo creo que merecen la película. A mí me parece que allí, en esa reconciliación con la finitud, reside la magia y el arte de amar. El arte de amar… ¡Qué tema interesante! Y complicado ¿no? Porque si de arte hablamos, no se trata sino de una creación que exprese de un modo sensible el amor que se siente por el otro. No es fácil. Definitivamente a veces no alcanza para que llegue eso que sentimos al otro y creo que, en esta otra escena que nos dejan a nuestra imaginación, está en juego algo de esto. Si pienso que ese beso hay que sostenerlo “para siempre” no parece sencillo sin poner en marcha la creatividad, el amor y el arte.

No estoy segura, pero tal vez la idea del Principio que acontece luego del Final hay que buscarla en la vida misma. Sin recetas, sin relatos ajenos, sino la experiencia personal y lo que cada uno puede atreverse a vivir cuando de amores se trata.
* http://www.youtube.com/watch?v=pMqePx7Kp3A (les debo los subtítulos)

sábado, 2 de octubre de 2010

Άγαλμα o… El señuelo de los dioses

¿Qué amamos en el otro? ¿Que ama el otro en nosotros? Rasgos, colores, formas, aspectos, ideas…. Yo me pregunto, ¿o la pregunta vino de afuera? Y descubrí al pensar sobre este tema que aquello que amo es lo que hay en el otro que no encuentro en algún lugar que no sea aquel, allí donde el cuerpo y el ser de la otra persona se me vuelve imprescindible para encontrar, por momentos al menos, aquello que amo, lo que una y otra y otra vez vuelvo a elegir, que me enamora, que me captura y que está solo allí con él/ella. Algo que no puedo decir, que no nombro por otra palabra que no sea su nombre. Inseparable de quién lo trae a mi vida, o separable… pero que sin el nombre no posee valor para mi.
¿Por qué me has elegido? ¿Qué tengo yo, que para ti es amable? ¿Es mi piel? ¿Mi dulzura que despierta sólo tu presencia? ¿Es la verdad que tengo sobre ti? ¿El poder de dominar tus impulsos hostiles hacia el mundo? ¿Un saber que acrecienta tu curiosidad sobre las cosas? ¿Una mirada sobre los árboles y las mariposas? ¿Qué tengo para dar que deseas de mí?
¿Por qué te elijo a ti? Habiendo tantos otros … dando vueltas por el mundo. ¿Qué hay en ti que no puedo obtener por mi cuenta? Yo, que soy independiente, cocino, limpio, plancho y hasta hoy podía ser dueño del mundo gracias al tiempo que me da la juventud. Pero no, eso lo tienes sólo tu, y lo deseo, lo admiro, lo beso.
No elegimos por azar, de eso no tengo dudas. Una elección implica cierta condición de amor que no está en todos sino que encontramos en contadas ocasiones. No amamos porque no hay otra cosa que hacer, sino porque algo del otro despierta ese amor. Luego ese algo se extiende al ser, a la relación, al entre- dos y su circunstancia y entonces todo se vuelve bello y amable. Supongo que así podríamos pensar el enamoramiento. Yo te elijo porque te amo. Amo en ti tus defectos y tus virtudes. No quiero que cambies, por miedo a perder aquello que tú eres y portas que es causa para mí. No te muevas, no respires, temo que eso desaparezca. Y si desaparece, me enojo, me asusto… ¿Volverá a estar? ¿Dónde quedó aquello que alguna vez estuvo allí que me hizo perder la cabeza por ti? Allí está… ¡Qué alivio! Sigue estando, sigo sintiendo este amor inmenso, sigo necesitando de ti, ya que tienes algo… algo que me enamora y no hay en otro lugar, eres único.

sábado, 28 de agosto de 2010

Al César lo que es del César…



Estaba pensando un poco este tema, ya que escuchando la mayoría de las canciones que circulan llegué a notar que todas – no encontré demasiadas excepciones- tratan acerca del amor. Amor romántico, amor no correspondido, amor platónico y la lista podría seguir, ya que en estos tiempos yo diría que hay una especie de análisis exhaustivo de las relaciones amorosas que se deja entrever en las diferentes manifestaciones del arte y en la vida cotidiana de las personas.
Nos gusta este tema del amor, me da la impresión de que hay allí un saber que nos interesa aprehender y que la idea general que trasciende a esta conducta humana sería que a más comprensión y entendimiento, más cerca estaríamos de recuperar una especie de paraíso perdido que sería, por decirlo de alguna manera, poder estar con el otro en sintonía, hallar en él o ella esa cosita que nos anda faltando.
El otro día conversaba con una amiga acerca de la importancia del “timing”. Así, decíamos que muchas veces la cuestión del amor pasa por estar en el momento y el lugar correctos, que no se trataría tan solo del otro en cuestión. A veces nos cruzamos con personas hermosas, y nos encontramos con un punto de imposibilidad para que ese vínculo se desarrolle, punto que reside en el tiempo de la vida en que nosotros o el otro se encontraría transitando. En otros momentos, por así decir, estamos abiertos a una relación y terminamos estando en una, las cosas “fluyen” digamos. Lo que nos sorprende es que, si esa relación terminó, a la distancia a veces nos resulta demasiado ajeno e incomprensible cómo es que estuvimos con una persona que no elegimos, porque hay que admitir que no siempre se trata del otro, que en muchos casos no importa quién o cómo es sino el hecho de estar en pareja. Una idea que se me cruzó en el transcurso de la charla es que podría tratarse de cualquiera ¿Podría? Para pensarlo un poco se me ocurrió el ejemplo de la amistad: por regla general no somos tan exigentes con los amigos, toleramos las diferencias en ese tipo de vínculos y los disfrutamos sin el temor a perder, no hacemos escenas de celos ni nos desvivimos por encontrar al amigo ideal. Un amigo es lo que es, y es parte de nuestra vida por azar, aunque quizás lo elegimos luego de un primer momento, no creo que seamos tan tajantes con la amistad como con el amor. Ahí parece, al contrario, que se nos va la vida pensando, esperando, buscando incansablemente como si mañana no tuviéramos más chance que hoy. En este punto de la charla mi amiga y yo permanecimos un instante en silencio… cri cri… Y ahí se instaló un debate muy interesante. ¿Cómo podría tratarse de cualquiera? es casi una afrenta a la idea misma del amor! Al menos del amor como lo escuchamos circular en lo cotidiano, donde yo lo veo ir aumentando su valor, como en el mercado el precio de los inmuebles sube año a año. Pensé, ¿qué pasaría si todos tuviéramos asegurado el amor, si el amor fuera moneda corriente, sencillo de obtener, si estuviera “a la vuelta de la esquina”? Si, por ejemplo, lo ansiado y anhelado por las personas fuera digamos… otro valor como la amistad. Si las relaciones de amistad fueran motivo de canciones y el arte expresara este concernimiento de la humanidad. Si los blogs y los poetas trataran este tema, porque sería lo que a la gente le preocupa y lo difícil de hallar en la vida. La dinámica del amor, entonces, pasaría a un plano segundo o tercero, y nadie se ocuparía de ella o sí lo haría pero de un modo más sincero, más acá de su verdad.
Yo creo de hecho, que al hacer del amor una moneda que circula en términos de esta lógica capitalista que nos gobierna, terminamos alejándonos aún más de lo que de posible el amor tiene. No creo que se trate de engordarlo de importancia, sino de pensarlo en términos que serían propios de otra lógica, una más cercana a lo que la experiencia del amor nos puede brindar. Si pudiésemos corrernos un poco, creo que estaríamos más cerca de vivirlo. Si no lo cargáramos de significaciones, de valor social, el amor sería lo que es sin andarse escapando por sentirse demandado de cosas que no puede/quiere dar.